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La Huella de Catalina de Lancaster

Documental realizado en el marco del proyecto y emitido en La2 TVE el 25/04/2025 sobre la interesante figura de Catalina de Lacaster, reina castellana en el siglo XV. Su intervención en el mundo de las artes y la cultura material ha dejado la huella de su memoria hasta el día de hoy.

Se puede ver en “a la carta”, en CanalUNED o en youtube. Aquí os dejamos los enlaces!

YOUTUBE: https://www.youtube.com/watch?v=FkgshlsPBeU

CANALUNED:


LA CAPILLA DE LA REINA DOÑA CATALINA DE LANCASTER EN LA CATEDRAL DE TOLEDO

Por: Amalia Yuste

Los reyes de la dinastía Trastámara, siguiendo el ejemplo de sus regios antepasados, Alfonso VII el Emperador o Sancho IV, eligieron la catedral de Toledo para fundar su panteón. La llamada capilla de Reyes Nuevos, situada en los dos últimos tramos de la nave norte de la iglesia, acogió los enterramientos de la nueva casa, hasta que doña Catalina de Lancaster, esposa de Enrique III, decidió crear su propia fundación.

La capilla de la reina mantiene una parte de su cerramiento en el claustro catedralicio, a pesar de que la capilla de Reyes Nuevos, que la albergaba, se trasladó a una nueva ubicación. El traslado del panteón liberó la nave de la iglesia, pero borró las huellas de su construcción. ¿Qué conocemos de la capilla desaparecida en el siglo XVI? ¿Cuáles son los testimonios que se conservan de la capilla de la reina y cómo se relacionan con la construcción del claustro? ¿Por qué son importantes los restos de la fundación de doña Catalina y qué información nos aportan? Son las preguntas que vamos a tratar de responder.

En 1374, Enrique II dictaba su testamento en el que se incluían las cláusulas para la creación de su capilla funeraria en la catedral de Toledo. De esta forma, el rey, que había dado muerte a su hermano Pedro I y que había iniciado una nueva dinastía, trataba de legitimarla apropiándose de uno de los espacios más sagrados de la catedral primada. La capilla debía hacerse delante del lugar «donde anduvo la Virgen y puso los pies», junto al Pilar de la Descensión. A pesar de que el rey murió cinco años después, hasta 1380 su hijo no trasladó el cuerpo a Toledo, y parece que la dotación de las capellanías no se instituyó hasta 1382 (Pérez 1985, 132).
La capilla de Reyes Nuevos, denominada así en oposición a la de Reyes Viejos, situada en la cabecera de la iglesia, se convertiría en el panteón de los Trastámara. El recinto, que ocupaba los dos tramos finales de la nave paralela al claustro, delante de la torre mayor, era un espacio cerrado, al que se accedía por una puerta desde la iglesia y otra desde el claustro. La superficie se completaba con una sacristía en la parte baja de la torre (fig. 2). En esta capilla fueron inhumados junto a Enrique II y su esposa doña Juana Manuel, sus inmediatos sucesores en el trono: Juan I, con su primera mujer Leonor de Aragón, y Enrique III. Doña Catalina de Lancaster, viuda de Enrique III, aunque también se enterraría en este privilegiado lugar, decidió fundar su propia capilla.

Fig. 2.- Plano de la Catedral de Toledo (1604). Libro de la Fundación de la S.I. de Toledo. (Gonzálvez y Pereda 1999, 148-149). En verde, la capilla de Reyes Nuevos.

En 1415, doña Catalina, en una clara manifestación de poder y voluntad, creó un espacio propio e independiente dentro de la capilla, para lo que dictó las disposiciones necesarias. La capilla que mandó levantar se reflejó no solo al interior, sino también al exterior del templo. Al interior, las memorias de la reina se cumplirían en el altar de Santiago. Dicho altar se situaba en el tramo este, en el hueco que se disponía entre los dos pilares, probablemente separado con una reja del resto del oratorio (Nogales 2010, 1.667). Al exterior, la capilla de la reina se cerró con un muro de finas tracerías entre pilar y pilar.
A pesar de que solo conocemos el interior de la capilla por una serie de descripciones realizadas antes de su desaparición, en el exterior, los vestigios que perviven aportan mucha información sobre la reina que la mandó construir.
El espacio que ocupaba la capilla de Reyes Nuevos, a los pies de la nave colateral norte, entorpecía el desarrollo de las procesiones, por lo que en el siglo XVI se acordó moverla a otro lugar del templo. Tras el permiso real y el acuerdo con los capellanes, Alonso de Covarrubias, entonces maestro mayor de las obras de la catedral, fue el encargado de diseñar y levantar la nueva capilla junto al ábside de la iglesia. En 1534, los cuerpos de los reyes se trasladaron al nuevo emplazamiento. A la ceremonia asistió Juan López de León, capellán de dicha capilla, quien para preservar la memoria del lugar redactó unas notas con las características más destacadas que, además, hizo plasmar en un plano. Posteriormente, la descripción y el plano fueron reproducidos por Diego Vázquez de Contreras (Arellano, 2010, 20). De esta forma conocemos con detalle la colocación de los sepulcros reales y las advocaciones de los diferentes altares (fig. 3).

Fig. 3.- Capilla de los Reyes Nuevos según la descripción del capellán Juan López de León, siglo XVI. ©A. Yuste

En la actualidad, al interior de la iglesia no quedan, aparentemente, testimonios de la primitiva capilla de Reyes Nuevos. Sin embargo, la bóveda de mocárabes de la sala del Tesoro, en la parte baja de la Torre, cubría en origen uno de los tramos de la primitiva capilla. (Nogales 2010, 1580). Respecto a la capilla de la reina parece que, desde el siglo XVII, el espacio entre los dos pilares fue aprovechado para construir una escalera que conducía al piso superior del claustro. Posteriormente, en el siglo XX, se instaló en ese hueco un ascensor que facilita el acceso a las claverías desde el interior de la iglesia. Sin embargo, al exterior, el muro que cerraba la capilla de doña Catalina se ha mantenido (Lucía 2016, 223). Se trata, como apuntábamos, de un muro formado por tracerías o claraboyas, como se denominan en la documentación medieval. Es decir, un muro que dejaba pasar la luz del claustro al interior de la capilla. Estas claraboyas repetían la decoración original de la fachada occidental de la iglesia.
El muro de finas tracerías está enmarcado por una cenefa decorada con los escudos de los linajes de la reina: Plantagenet y Castilla (figs. 1 y 4). Una afirmación de su poder y responsabilidad como unificadora de las dos ramas enfrentadas tras la muerte de su abuelo Pedro I. Doña Catalina no solo era nieta del rey y, por lo tanto, legítima heredera, sino que tras su matrimonio con Enrique III fue reina consorte, madre del sucesor y pacificador, Juan II, y reina regente entre 1406 y 1418.

Fig. 4.- Muro exterior de la capilla de doña Catalina de Lancaster. Claustro de la catedral de Toledo. ©A. Yuste

El claustro, además de lugar de enterramiento, era un espacio donde se desarrollaban procesiones, se impartía justicia o se utilizaba como lugar de reunión e intercambio. El muro de la capilla de doña Catalina, que daba al claustro, proclamaba públicamente su transcendencia histórica. La reina no solo se mostraba orgullosa de su linaje, sino que también era consciente de su valor como legitimadora de la monarquía. Además, los relieves que coronan el muro contribuían a destacar su importante papel como madre del sucesor que uniría las dos ramas dinásticas enfrentadas. La serie de alabastros, posiblemente de procedencia inglesa (Pérez 1998, 105), que pudo encargar la propia reina, narran historias de la infancia de Cristo. En varias escenas, el protagonismo de María evoca el desempeñado por doña Catalina como madre del futuro rey Juan II, relacionando a la reina con la Virgen.
Respecto a la cronología de la obra, además de la decisión de la reina de crear su capilla, documentada en 1415, las marcas de cantero localizadas en los escudos y en las claraboyas, permiten vincular su construcción con las últimas etapas de la elevación del claustro. Durante los primeros años del siglo XV se levantaron la nave oeste y sur, y se remataron las decoraciones. Entre las señales, con las que los maestros marcaron las tracerías, destacan la 30 y la 27. El maestro identificado con la marca 30, representada por una «escalera», se localiza un total de 198 veces en el claustro. Se trata de un entallador de «piedra blanca» que trabajó en las pandas oeste y sur, y en las tres portadas (Yuste 2022, 122).
Los testimonios de la capilla de la reina en el claustro de la catedral de Toledo ponen de relieve la voluntad y capacidad de doña Catalina de Lancaster para emplear la arquitectura como medio de propaganda y legitimación. Restos que, además, conservan las señales de los pedreros que tallaron el original cerramiento que permitía iluminar la fundación real.

BIBLIOGRAFÍA

  • Arellano García, Mario (2010), «Las capillas reales de la Catedral Primada: Sancho IV», Toletum: Boletín de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, n.º 57, pp. 9-35.
  • Gonzálvez, R.; Pereda, F. (1999), La Catedral de Toledo. 1549. Según el Dr. Blas Ortiz. Descripción gráfica y Elegantíssima de la S. Iglesia de Toledo. (Antonio Pareja Editor), Toledo.
  • Lucía Gómez-Chacón, Diana (2016), El Monasterio de Santa María la Real de Nieva. Reinas y Predicadores en tiempos de reforma (1392-1445), Segovia.
  • Nogales Rincón, David (2010), La representación religiosa de la monarquía castellano-leonesa: la Capilla Real (1252-1504). [Tesis]
  • Pérez Higuera, Teresa (1985), «Los sepulcros de Reyes Nuevos (Catedral de Toledo)», Tekné, Revista de Arte n.º 1, Año I, pp. 131-139.
  • Pérez Higuera, Teresa (1998), «Toledo», Castilla-La Mancha. Toledo, Guadalajara y Madrid, La España Gótica, vol. 13, Madrid, pp. 11-160.
  • Yuste Galán, Amalia M.ª (2022), La «Señal» del Pedrero. Obra y Fábrica del Claustro de la Catedral de Toledo (1383-1485), Madrid.