Neus Serra Vives (UIB)

Photo (C) RMN-Grand Palais (Sèvres, Cité de la céramique) / Martine Beck-Coppola
Núm. Inv. MNC3107-2
María de Castilla (1401-1458), reina de Aragón a partir de su enlace matrimonial con Alfonso V el Magnánimo (1415) se caracterizó por su talante político, austero y piadoso siendo promotora de un gran número de monasterios, conventos, hospitales e iglesias donde demostró su refinado y tradicional gusto artístico (Torrejón, 2020; Vicens, 2011).
En algunas de estas construcciones, como el Convento de la Trinidad en Valencia, el Hospital de Sant Antoni de Barcelona o el desaparecido Monasterio de San Jeroni de la Vall d’Hebron se conservan sus escudos de armas esculpidos en los muros. Estos se configuran a modo de escudo partido (no siempre coronado) en el que se distribuyen a la izquierda las barras de Aragón y a la derecha, siguiendo una división cuartelada, dos castillos y dos leones rampantes (figura 1).
Se trata de la insignia o signo visual “oficial” de la reina, de herencia familiar y fácilmente reconocible, que suele encontrarse en una variedad de objetos, personales y públicos (como los sellos), e identificarse en los inventarios conservados como “armes o senyals de la reina” (Toledo, 1961).
La primera de ellas es un plato manisero de ala amplia con doble perforación de suspensión correspondiente a la serie ornamental clásica de inspiración musulmana (figura 1). Esta se caracteriza por presentar bandas de alafias esquematizadas, piñas borladas y espirales de clara ascendencia islámica, y puede datarse dentro del primer tercio del siglo XV (Coll: 2020, 114). La decoración, realizada íntegramente en reflejo metálico, se distribuye de manera radial rodeando el motivo heráldico central, el escudo de la reina María de Castilla simplificado.
La segunda pieza corresponde al tipo brasero (figura 2) y presenta algunas diferencias tanto formales como ornamentales respecto al ejemplar anterior. En este caso el motivo central sigue siendo el escudo de la reina, pero esta vez se encuentra rodeado por un solo motivo que se repite y distribuye de manera radial, se trata del acicate o cadena. Los paralelos existentes en el Museo de Cluny o el Instituto de Valencia de Don Juan sugieren una cronología posterior a la del primer plato.

La segunda pieza corresponde al tipo brasero (figura 2) y presenta algunas diferencias tanto formales como ornamentales respecto al ejemplar anterior. En este caso el motivo central sigue siendo el escudo de la reina, pero esta vez se encuentra rodeado por un solo motivo que se repite y distribuye de manera radial, se trata del acicate o cadena. Los paralelos existentes en el Museo de Cluny o el Instituto de Valencia de Don Juan sugieren una cronología posterior a la del primer plato.
Ambas piezas son un claro exponente del carácter lujoso y exclusivo que pudo llegar a alcanzar la producción cerámica de reflejos metálicos valenciana. Las piezas pertenecientes a la nobleza y familias acomodadas, con frecuencia personalizadas con sus emblemas, han sido objetos de coleccionismo desde su origen, conservándose un gran número de ejemplares en museos internacionales de renombre.
Pero más allá de su evidente carácter ornamental, estas vajillas podían formar amplios conjuntos y destinarse al servicio de mesa. La carta redactada en 1454 por parte de María de Castilla y dirigida a Pedro Boil, solicitaba un servicio completo de recipientes de “obra de mélica” para su uso personal. Así, sin especificar las unidades, requería un variado repertorio cerámico que debía ocupar un “cossi” (cuezo), detallando la función a la que se destinarían las distintas piezas. Encargaba platos de servir, platos para comer, vasos para flores, escudillas para beber, escudillas para sopas secas, etc. (Osma, 1906: 6-7, Martínez, 1991: 139-140).
La conservación de los ejemplares procedentes de este conocido encargo no ha podido rastrearse en la documentación escrita ni identificarse con certeza en los testimonios materiales (Toledo, 1961). Sin embargo, algunos investigadores han considerado que los platos ilustrados en las figuras 1 y 2 podrían ser una parte de este.
Existen dos razones para legitimar esta hipótesis. Por un lado, las piezas con la heráldica real solían pertenecer a sus propietarios o a su entorno y, en segundo lugar, la pervivencia de estos ejemplares, a través del coleccionismo, indica que no llegaron a descartarse nunca, pasando de mano en mano hasta formar parte de los museos mencionados (De Osma, 1906: 51-52; Ainaud, 1952: 52).
Pero más allá de la heráldica, existieron otros medios de expresión visual con los que la reina pudo indicar la propiedad o patrocinio de determinadas obras. Se dieron otros recursos, de carácter más personal, como las divisas que solían componerse de un lema y una imagen cuyo significado podía resultar inaccesible para el público general. Su uso, para el caso de las mujeres fue más restringido, limitándose a entornos u objetos más íntimos, a diferencia de lo que sucedía con las divisas masculinas, como las de Alfonso el Magnánimo, quien hizo de ellas un uso extensivo y de carácter propagandístico.


Es así, como a partir de 1420, y seguramente por influencia de su marido, María de Castilla adoptó dos particulares motivos que parecerían inspirarse o derivarse de las espigas de mijo y el “siti perillós” de Alfonso V: la flor de azafrán y la olla ardiente (Narbona, 2014-2015). Unos pocos objetos como joyas, aguamaniles de plata o telas, así como la decoración escultórica de su sepulcro, documentan el uso de estos emblemas que podían combinarse también con su escudo heráldico (Vicens, 2011: 220-223) (figura 3).
En cuanto a su aparición sobre cerámica, no se conserva, por ahora, ningún ejemplar. Además, en las cuentas existentes sobre las obras de pavimentación del Palacio Real de Valencia, donde abundan las partidas destinadas a azulejos, se advierte el uso exclusivo de las divisas del rey sobre los mismos con el fin de reforzar su programa iconográfico que también se estaba desplegando en el Castel Nuovo de Nápoles.
Sin embargo, en el libro de Cuentas de la Bailía (Archivo del Reino de Valencia) se recogen un par de noticias más sobre las vajillas cerámicas utilizadas por la reina que aportan algo de luz al respecto. En un ápoca datada del 21 de mayo de 1421 se constata que Ali Laxemi recibió un pago de “LX sólidos per rahó e preu de XX servidores de terra totes blanques feytisques (…) a obs de la Senyora Reyna” (Osma, 1908: 114). Pero más excepcional resulta el pago documentado el 26 de febrero de 1435 a Juan Çaplana “Mestre de obra de terra del loch de Paterna” por: “lxxxiiij vexelles de obra de terra, ab la devisa de mils e de safrands […] per obs de la stuba que de manament de la señora Reyna está en lo dit Reyal” (Sanchis, 1926: 645).
Tendríamos aquí identificada la divisa del azafrán, junto con el mijo, sobre tarros y macetas destinados a la “estuba”, que podríamos traducir por baño o baño de vapor, de la reina. La lectura que de estos recipientes, su decoración y su contexto se puede hacer podría relacionarse con la preocupación constante de la reina por su frágil salud y esterilidad. De hecho, más allá de su simbología religiosa, el azafrán fue conocido durante la edad media por sus propiedades curativas que pudieron condicionar la elección de este emblema por parte de María de Castilla y su uso, casi de carácter profiláctico, sobre aquellos objetos destinados a su sanación.
De esta forma, María de Castilla estaba representada en los objetos que conformaban su espacio cotidiano. Los banquetes o la comida más diaria, los baños y los espacios de higiene y sanación se componían de estas piezas cerámicas en los que el lujo visual se combinaba con diversas calidades materiales y que quedaban impregnados de la identidad visual de la reina.
Para saber más: Serra Vives, Neus “Objetos para una reina: María de Castilla y la cerámica medieval”, Goya, nº 390: Monográfico Objetos vividos y entornos femeninos en le Edad Media, 2025, pp. 234-246
Bibliografía
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- De Osma y Scull, Guillermo (1906), La loza dorada de Manises en el año 1454 (Cartas de la Reina de Aragón á Don Pedro Boil), Impr. De los hijos de M. G. Hernández, Madrid.
- De Osma y Scull, Guillermo (1908), Los maestros alfareros de Manises, Paterna y Valencia: contratos y ordenanzas de lo siglos XIV, XV, XVI, Impr. De los hijos de M. G. Hernández, Madrid.
- Coll Consesa, Jaume (2019), “Heráldica real inédita hallada en el Barri d’Obradors de Manises”, XXI Congreso de la Asociación de Ceramología, Museu del Disseny de Barcelona, 127-135.
- Coll Consesa, Jaume (2020), “Propuesta de seriación y cronología de las producciones cerámicas mudéjares del Reino de Valencia”, XVII Congreso de la Asociación de Ceramología, Ojós, Murcia, 101-127.
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- Martínez Caviró, Balbina (1991), Cerámica hispanomusulmana: andalusí y mudéjar, El Viso, Madrid.
- Narbona Cárceles, María (2014-2015), “El contenido devocional de las divisas: el azafrán y la olla ardiente de la reina de Aragón (1416-1458)”, Emblemata, 20-21, 435-452.
- Rosario Torrejón, Carmen (2020), “La reina María de Castilla y el patronazgo espiritual en Aragón bajo las directrices de la observancia”, Aragón en la Edad Media, 31, 227-254.
- Sanchis Sivera, José (1926), “La cerámica valenciana. Notas para su historia medieval”, Boletín de la Real Academia de la Historia, 88, 638-661.
- Soldevila, Ferran (1928), “La Reyna Maria, muller del Magnànim”, Memorias de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, vol. 10, 213-347.
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- Toledo Girau, José (1961), Inventarios del Palacio Real de Valencia a la muerte de doña María, esposa de Alfonso el Magnánimo, Anales del Centro de Cultura Valenciana, Anejo 7, Valencia.
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- Vicens i Soler, Teresa (2011), “Aproximació al món artístic de la reina Maria de Castella”, Capitula facta et firmata: inquietuds artístiques en el quatre-cents, 193-262.
- Vidal Franquet, Jacobo (2014), “La cámara real de María de Castilla. Sus joyas y otras delicias suntuarias”, Anales de Historia del Arte, vol. 24, NºEsp. Noviembre, 593-610.
OpenEdition le sugiere que cite este post de la siguiente manera:
marcam (23 de abril de 2026). La cerámica de María de Castilla: lujo e identidad visual en el espacio cotidiano de una reina. Las mujeres y las Artes en la Castilla Medieval. Recuperado 14 de octubre de 2026 de https://doi.org/10.58079/164iy